LA
DEGUSTACIÓN
Es la secuencia
que todo buen aficionado debe interpretar, la receta
para descubrir todo un complejo mundo de sensaciones,
aromas y sabores. He aquí la liturgia a cámara
lenta que todo amante del vino debe seguir.
1.-
ELEGIR EL VINO
Carne o pescado,
caza o carne a la plancha, pescado al horno o a la cazuela...
Cada plato reclama un vino determinado y viceversa.
Tintos con
cuerpo necesitan platos vigorosos; los platos delicados,
en cambio, precisan vinos más ligeros, sin importar
que éstos sean jóvenes o viejos.
¿POR
QUÉ?
Porque ni el
plato ni el vino deben enmascarar a su acompañante.
Hay que
saber...
• Los blancos
vigorosos y aquellos criados o fermentados en madera
son los de mayor graduación alcohólica.
• Los blancos
ligeros son generalmente los de la última cosecha
con cierta acidez y mucha fruta.
• Los tintos
con cuerpo son los de gran constitución tánica
y grado (cabernets, vinos de Toro, la Ribera del Duero,
Priorato, Jumilla, Alicante y grandes reservas de Rioja).
• Los tintos
ligeros son los procedentes de Valdepeñas y Mancha,
algunos crianzas clásicos de la Rioja o los que
-jóvenes o viejos- se han elaborado con una corta
maceración con los hollejos.
2.-
LA TEMPERATURA IDEAL
Un tinto debe
beberse entre los 16 y los 18 grados; los blancos son
más expresivos entre 8 y 10 grados y los rosados
sobre los 12 grados.
¿POR
QUÉ?
Porque si servimos
el vino más frío, la cantidad de aromas
es menor , ya que las moléculas aromáticas
no se volatilizan a baja temperatura. Y si ésta
es excesivamente alta, el alcohol se evapora rápidamente
y los efluvios etílicos agreden la boca y el
olfato.
Hay que
saber...
• Un tinto
a 24 grados necesita nueve minutos sumergido en agua
y hielo para alcanzar los 17-18° de servicio. Y
un blanco debe servirse frío manteniéndolo
en un cubilete con agua y hielo.
3.-
DESCORCHAR ANTES DEL SERVICIO
Un vino viejo
(más de cinco años en botella) revela
mejor sus aromas si lo descorchamos de una a dos horas
antes de consumirlo.
¿POR
QUÉ?
Porque al abrir
la botella los aromas están cerrados; pueden
aparecer falsos aromas producidos por tantos años
encerrado en la botella o, en el caso de los vinos jóvenes,
porque, debido a un embotellado precoz, pueden existir
aromas secundarios originados por la fermentación.
Hay que saber...
• Los aromas
a cuero o agua estancada que pueden presentarse en los
vinos viejos desaparecen o quedan muy mitigados tras
un tiempo de espera.
• El descorche
temprano elimina cierta acidez dejando escapar acetato
de etilo, un éster muy volátil que da
a los sentidos una sensación de acidez. A veces,
una ligera oxidación permite limar ligeramente
los taninos responsables de cierto amargor y astringencia.
4.-
UTILIZAR UN DECANTADOR
El decantador
nos permite quedarnos con lo mejor del vino.
¿POR
QUÉ?
Porque acelera
la desaparición de los aromas a cerrado nacidos
en la botella y, en el caso de vinos viejos, permitirá
separar la materia colorante que ha precipitado en la
botella.
Hay
que saber...
• Algunos
vinos viejos, previsiblemente muy intensos de color
(cabernet sauvignon, Ribera del Duero, vintage de Oporto,
Priorato), deben decantarse lentamente en una frasca
de cristal hasta el momento en que aparecen las turbideces.
5.- LA
COPA
El tipo de copa
es muy importante para desear más el vino y captar
lo mejor de él. Las adecuadas son las transparentes
de balón, con tallo alto y a ser posible de cristal
lo más fino posible.
¿POR
QUÉ?
Las formas redondeadas
con abertura más estrecha permite encerrar los
aromas del vino y agitar mejor su contenido, lo cual
revela aun más estos caracteres. Además,
la boca más estrecha facilita la bebida e impide
que el vino se escape por las comisuras de los labios
frente a las copas más grandes y de boca más
abierta. Asimismo, el tallo alto permite sujetar la
copa sin tocar el balón. Un cristal fino permite
mostrar el color del vino con una fidelidad aún
mayor.
6.- OBSERVAR
La observación
del vino es muy importante para dictaminar el estado
del mismo. El aspecto nos adelanta algunos de sus atributos.
¿POR
QUÉ?
Si el vino se
ve muy fluido y con ligera espuma al agitarlo, es una
prueba de su juventud. Si es luminoso y brillante, es
una confirmación de su corta edad, lo que está
íntimamente relacionado con su mayor acidez.
Si se ve denso y "espeso" con lágrimas
en las paredes de la copa, es un indicio de que tiene
más glicerina y, por lo tanto, más alcohol.
Si el tinto se ve oscuro con un borde granate o violáceo,
se debe a su juventud con una gran riqueza de antocianos
(color cereza granate). Si el vino es algo más
claro con un borde parecido al color del ladrillo, es
una señal de vejez. Los pigmentos oscuros (antocianos)
se sustituyen por los pigmentos marrones (los taninos)
que dejan en la boca una sensación más
suave y menos amarga.
7.- OLER
Cuando llevamos
la copa al olfato se aprecian la mayoría de los
rasgos del vino, rasgos que se potencian si la agitamos.
¿POR
QUÉ?
Los aromas primarios
(los procedentes de la uva) se revelan más con
recuerdos a flores y a frutas; son aromas terpenoides
más ligeros y que se volatilizan antes. Si removemos
la copa aparecen también los secundarios (madera,
bosque, hojarasca, levaduras) que son más densos
y que están en el fondo de la copa, así
como los terciarios (tostados, vainilla, avellana, café,
tabaco) si se trata de vinos viejos.
8.- ENTRADA
EN BOCA
La primera sensación
en boca del vino es de sabrosidad y es más un
efecto táctil que es muy pronunciado. Esa sensación
se produce por la equilibrada combinación dulce
(el alcohol), ácida (ácido tartárico)
y amarga (taninos, ya sean de uva o de roble). Sería
increíble la sensación ácida que
se percibiría si redujéramos en alcohol.
Los vinos jóvenes entran con profusión
de sabores, pero desaparecen antes que los vinos viejos,
más sutiles y más duraderos.
¿POR
QUÉ?
Los vinos jóvenes
son muy ricos en aromas primarios que son más
volátiles y desaparecen antes (notas de frutas,
flores, moras, grosellas etc.). La sensación
táctil de cierta agresividad (astringencia) que
se percibe se debe a la cantidad importante de taninos
activos. Los vinos viejos poseen aromas, aunque menos
intensos, son más abundantes en matices, densos
y elaborados. La propia variedad de sabores y del genero
terciario (nacidos durante la crianza oxidativa (barrica)
y reductora (botella) dejan una mayor persistencia en
la boca.
9.-
SENTIR
Después
de la entrada en boca y de haber aumentado la temperatura
por el contacto con la saliva, el vino se revela de
un modo menos espectacular y por lo tanto es necesario
aspirar un poco de aire para reactivar sus propiedades
aromáticas.
¿POR
QUÉ?
Es indudable
que el vino, unos instantes despues de entrar en boca,
libera ciertos aromas debido al aumento de temperatura
del alcohol por el calor de la cavidad bucal y, por
consiguiente, se van apreciando sus propiedades táctiles
(taninos, acidez, dulzor), pero a la vez va disminuyendo
su potencia aromatica. Al aspirar un poco de aire y
al agitar el vino dentro de la boca, hacemos evaporar
un nuevo lote de moléculas que se introducen
por las fosas nasales en sentido contrario (retronasal),
activadas por la oxidación provocada por la entrada
de aire y dando, consiguientemente, una sensación
de cierto redondeo de los taninos. El volumen que se
aprecia se debe a la glicerina (sensación oleosa,
viscosa) que será más rica cuanto mayor
sea la graduación alcoholica.
10.-
FINAL
Después
de ingerido el vino, la persistencia será menor
o mayor dependediendo de la calidad y cantidad de aromas
terciarios. A veces en esta fase se perciben nuevas
sensaciones, aunque algo apagadas.
¿POR
QUÉ?
Esta persistencia
se debe a la fuerza de las interacciones de las moléculas
aromáticas o sápidas con sus receptores.
A veces existen matices que no aparecen ni al olfato
ni al paso de boca y sí cuando el vino se ha
ingerido, debido a la reacción de algunas moléculas
del vino con las enzimas de la saliva. Por ejemplo,
el toque a pedernal de algunos sauvignon de zonas de
aluvión o el toque quemado de algunos cabernets
californianos.
El
Rincón de Peñín - Manual del Catador
-
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