Empiece
por observar el vino, preferiblemente en una habitación
luminosa. Evite la luz fluorescente. Para una
mejor visualización, contrasta la copa
con un fondo plano y claro. Al verter el líquido,
no llene demasiado la copa; de esta forma, el
proceso de cata será mucho más sencillo.
Sujete la copa por la base o por el pie y distánciela
de su cuerpo formando un ángulo de cuarenta
y cinco grados. Preste atención y podrá
comprobar la claridad del vino, la intensidad
de color, la graduación del color desde
el centro hasta los bordes, si tiene burbujas
o cuerpos extraños.
Los vinos blancos presentan
un color que varía desde el incoloro al
amarillo intenso. Los vinos más pálidos
suelen proceder de climas fríos, y los
intensamente amarillos vienen de las regiones
más cálidas (por ejemplo, del hemisferio
sur). Los vinos tintos nos aportan valiosa información
a través de su color. Observándolo,
podemos determinar, por ejemplo, su edad, su calidad
de origen... ya que pierden progresivamente su
color, volviéndose más pálidos
con el tiempo y evolucionando desde un rojo-violeta,
un rubí y un rojo ladrillo hasta llegar
a un tostado intenso.
Observando el color del
perímetro marcado por la copa, podemos
saber la edad del vino; cuanto más claro
y marrón sea, mayor madurez tendrá.
El modo en que envejece el vino también
afecta al color. Los vinos envejecidos en madera
pierden los tonos rojos-violeta y púrpura,
dando paso a notas rojo-ladrillo o teja.
Posibles sedimentos
Si aparecen sedimentos,
suele significar que se trata de un vino maduro
que no ha sido filtrado en exceso. En cualquier
caso, el sedimento debe permanecer en la botella
y no servirse en la copa, ya que condiciona el
gusto, la textura y la apariencia. Si hay pequeños
cristales incoloros en el fondo de una copa o
botella de vino blanco, se trata de depósitos
de tartratos. Dichos depósitos son inofensivos
y constituyen una prueba de que el vino no ha
sido tratado en exceso.
Burbujas
Las burbujas en caldos
que no están en movimiento pueden ser una
señal de que el vino no se encuentra en
las mejores condiciones e indicar que se ha producido
una segunda fermentación no deseada. Sin
embargo, unas cuantas burbujas de pequeño
tamaño en un vino blanco, especialmente
si se trata de un vino joven, pueden ser intencionadas.
En algunos casos, se embotella este tipo de vino
con un poco de dióxido de carbono que aporta
cierto cosquilleo al paladar.
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