El
sentido del olfato y del gusto están íntimamente
relacionados e interactúan durante este
proceso.
El primer sorbo de un vino
que previamente hemos olido suele ser la confirmación
de su aroma. Las papilas gustativas, sin embargo,
tienen un papel crucial, dado que trasmiten aspectos
como la constitución, el cuerpo o el tacto
del vino.
Dulzura, Amargura,
Tersura...
Según el punto en
el que se encuentren, las papilas gustativas tienen
una sensibilidad especial para los sabores. Por
ejemplo, aquellas situadas en la punta de nuestra
lengua son más sensibles a los azúcares.
Las laterales detectan
los ácidos con rapidez, mientras las traseras
nos transmiten los sabores amargos.
Las papilas gustativas
registran todas las sensaciones de aspereza o
tersura además de otros aspectos como el
equilibrio o la permanencia (duración en
el tiempo del sabor), muy importantes para cualquier
vino.
Paladear Un Buen
Vino
A la hora de probar el
vino, es importante tomar una cantidad suficiente
que permita distribuir el líquido por toda
la boca de forma que llegue bien a todas las papilas
gustativas. Paladee los sabores y piense en la
textura.
Para que el vino se airee
y se transmitan mejor todos sus aromas, al tomar
el primer sorbo, abra ligeramente la boca permitiendo
entrar un poco de aire.
No trague ni escupa hasta
tener una idea de los sabores y la sensación
del vino. El último sabor que queda, conocido
como final o resabio, debe ser agradable y duradero.
Escupir El Vino
Escupir es esencial en
una cata prolongada. Hacerlo, permite diferenciar
unos sabores de otros. No es necesario alcanzar
grandes distancias. Existen jarras portátiles
como el spitto para recoger el vino sobrante.
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