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Gonzalo Fernández Echevarría
y Ana López de Lamadrid son una pareja de novios
unidos en los fogones y en el gusto por la buena cocina.
Después de formarse en
los mejores restaurantes del país (Ana perteneció
a la plantilla de los michelín Arzak y Neisel,
y Gonzalo estudió en la prestigiosa academia
Iritzar y aprendió los trucos de convertir la
materia prima en manjar en Casa Nicolasa) decidieron
emprender su propia aventura.
El azar les llevó a Sorauren
en noviembre de 2001, y desde entonces, en este pequeño
pueblo de la Cuenca de Pamplona, antes de llegar a la
iglesia y girando a la derecha, se emprenden los primero
metros de una pequeña cuesta hasta llegar a un
cartel donde se anuncia que el portón del caserío
acoge su restaurante: Txarrantxena. Una escultura del
artista Natxo Fernando, primo precisamente de Gonzalo,
que estuvo expuesta en Arco, adentra al cliente al comedor.
Un espacio que poco a poco se ha convertido en un coqueto
rincón donde cada vez es más frecuente
encontrarse con rostros conocidos de la sociedad que
han sabido de su existencia.
En su carta se encuentra una
original mixtura de las dos cocinas más en boga
en estos momentos a merced de restauradores de la talla
de Adriá o Berasategi. Se trata de obtener lo
mejor de la cocina catalana y de la cocina vasca. Eso
sí, tal y como indica Ana, aprovechándose
de la calidad de los productos de Navarra.
Además de la huerta, la
materia prima resulta muy autóctona. Así,
la carne es escogida cuando todavía son vacas
que pastan en los prados cercarnos al pueblo, y los
embutidos los elabora una charcutería tres calles
más abajo. El pescado procede de Pasaia, también
de pescador conocido, concretamente de un amigo del
padre del restaurador que escoge las piezas antes de
llevarlas a la lonja.
Un brindis pues a los sentidos,
firmado por la valentía de dos jóvenes
cocineros que hicieron en Sorauren una particular y
sabrosa apuesta por el gusto.
Exquisito
El sugerente menú une
la sapiencia de las dos cocinas más de moda hoy:
la catalana y la vasca. Ejemplo de ello es la carta
donde se invita a degustar platos como ensalada de queso
de cabra con naranja; bacalao con arroz en crema verde
o ensalada de frutas tropicales. Estas delicias se encuentran
en el menú de empresa que por 12 euros sirven
todos los días de la semana, o en el menú
degustación, más extenso y complejo que
es servido salvo los domingos por la noche y los lunes,
jornadas de descanso semanal, por 24 euros. Una oferta
que es un exquisito guiño de modernidad a la
cocina foral.
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