Las
espinacas provocan que un sorbo
de vino tenga un cierto sabor a metálico,
pero es posible contrarrestarlo con un chorrito
de limón o cocinándolas a la crema,
con queso, etc. Ocurre lo mismo con los espárragos.
Las Alcachofas son realmente
el verdadero problema. No sólo producen
el regusto a metálico en el vino, ocasionado
por una sustancia que contienen llamada cinarina;
son además amargas, astringentes y algo
dulces, es decir, tienen innumerables matices
que hacen que cualquier vino a su lado resulte
inadecuado por no tener los suficientes. Se diría
que está desequilibrado en relación
a esta verdura. También con un chorrito
de limón podemos medianamente solucionar
el problema.
La comida picante o llena
de especias también complica la elección
del vino adecuado. Sin embargo existen vinos con
matices aromáticos y de gusto especiado,
que pueden combinar mejor con platos cuyos ingredientes
estén acompañados por especias más
suaves y poco picantes. Por ejemplo los vinos
alsacianos aromáticos, elaborados con Gewürztraminer,
son bastante adecuados. También lo son
los rosados y, en general, los tintos jóvenes,
cuya acidez hace frente a los condimentos fuertes
de este tipo de preparaciones.
Por último, en cuanto
al pescado, se ha de tener cuidado con el excesivamente
graso. Su fuerte sabor entumece la boca, por ello
habría que decantarse por un blanco fresco
y seco o por un buen fino.
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