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Corella celebró el pasado fin
de semana, dentro de sus fiestas patronales, su vigésima
edición de la feria del vino, el acontecimiento
de este tipo más importante que existe en Navarra.
Cada año son más las bodegas que participan.
Miles de personas, procedentes de la propia Corella,
el resto de Navarra e incluso comunidades cercanas,
al igual que un grupo de turistas franceses y otro de
granadinos, se acercaron hasta la localidad ribera para
participar en la vigésima edición de la
feria del vino de Corella, un escaparate de los vinos
de Denominación de Origen Navarra que, año
tras años, organiza la peña El Tonel,
y que se instala en las plazas de España y de
los Fueros.
En esta ocasión, fueron cuarenta y ocho las bodegas
que estuvieron presentes, todas ellas navarras, cuando
hace veinte años, la iniciativa se puso en marcha
con nueve participantes, ocho de ellas de Corella. En
total, ofrecieron al público para su degustación
2.500 botellas de vinos tintos, rosados y blancos, para
lo que fueron necesarios 40.000 vasos de plástico.
Además se consumieron 500 kilos de cacahuetes,
y otros 50 de pochas y 2.000 cogollos de lechuga, ambos
productos preparados por miembros de la Orden del Volatín,
que cada año colabora en el evento.
Autoridades
Además de los numerosos visitantes llegados hasta
Corella, estuvieron también presentes en la feria
del vino numerosas autoridades. Además del alcalde
de la localidad, Ramón Jiménez, pudo verse
entre el medio centenar de casetas al presidente del
Gobierno Foral, Miguel Sanz, al consejero de Agricultura,
Javier Echarte, el ex ministro de Administraciones Públicas,
Javier Posadas, el presidente del Consejo Regulador
de DON, Álvaro Merino, el presidente de EVENA,
Joaquín Pegenaute, o el consejero de Administración
Local, Alberto Catalán.
Como suele ser habitual, esta jornada festiva se aprovechó
por los profesionales del sector para comentar la situación
que vive el mundo del vino. Aunque, tal como señaló
el consejero de Agricultura, los momentos que se viven
no son muy buenos, existe la seguridad de que el vino
navarro saldrá adelante gracias a una mayor calidad,
en detrimento de la cantidad. Al menos así lo
creen en Corella, donde aún se encuentran inmersos
en la vendimia
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