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La vendimia 2002 en España,
con unas previsiones de 36 millones de hectolitros,
estuvo marcada por unas malas condiciones climáticas
que provocaron un retraso en la maduración de
las uvas y que estas se vieran afectadas, en gran parte
del territorio nacional, por brotes de podredumbre.
La Fundación para la Cultura
del Vino organizó en Madrid una jornada para
analizar la vendimia 2002 y en la que intervinieron
el subdirector general de Denominaciones de Calidad
de Agricultura, Antonio Moscoso, y responsables y directores
técnicos de Marqués de Riscal, La Rioja
Alta, Vega Sicilia, Codorníu, Raimat y Julián
Chivite.
El presidente de la Fundación,
Pablo Alvarez, lamentó que este año la
vendimia no ha sido "nada buena", aunque coincidió
con el director técnico de Vega Sicilia, Javier
Ausás, de que este ha sido el año del
buen viticultor, ya que los que trabajaron bien la viña
y la prepararon para adversidades han conseguido una
uva para lograr buenas elaboraciones.
El responsable de Bodegas Julián
Chivite, Fernando Chivite, ironizó al decir que
"no hay muchas cosas buenas que decir de esta vendimia",
porque ha sido un "año difícil"
en el que ha habido que buscar la fecha óptima
de recolección de cada parcela y de selección
de racimos en viña y posteriormente en la mesa
de selección en bodega.
En la elaboración "poco
se puede hacer con uva botrytizada", por lo que
un porcentaje de la producción de la viña
ni siquiera se recogió, según el director
técnico de Bodegas Raimat, Miguel Gurpide.
El enólogo de Vega Sicilia,
Javier Ausás, apuntó que esta "es
la añada el buen viticultor", en referencia
a que si se va preparando la viña a lo largo
del año, los resultados de calidad en vendimia,
a pesar de que se trate de una añada difícil,
son buenos.
Por su parte, el subdirector
general de Denominaciones de Calidad, Antonio Moscoso,
señaló que uno de los principales objetivos
del Ministerio de Agricultura es lograr una calidad
media buena y para ello contribuirán, a su juicio,
medidas que limitan la percepción de ayudas comunitarias
a un rendimiento determinado.
Las condiciones climáticas
extrañas influyeron de forma decisiva en la vendimia,
que se caracterizó, según zonas, por heladas
primaverales, por un verano con unas temperaturas más
bajas de lo habitual y unas lluvias inoportunas en agosto
y septiembre que no beneficiaron la calidad de la uva,
como tampoco las caídas en octubre.
En líneas generales la
maduración de las uvas vino retrasada y las lluvias
y grados de humedad excesivos en la fase final de recolección,
provocaron brotes de botrytis (podredumbre), por lo
que se dejaron en la viña entre un cinco y un
25 por ciento de la producción, para evitar que
uva afectada entrara en bodega.
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