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Dicen los entendidos
del vino con el fin de ilustrar la tradición
vinícola de la Comarca de Pamplona que antes
incluso de que llegaran los romanos ya se plantaban
vides en la falda del monte Ezkaba. Desde Arre hasta
Ansoáin las raíces de esta amplia ladera
estuvieron sujetas al anclaje de sarmientos. El vino
de la Comarca incluso se llegó a proteger durante
la Edad Media con una serie de "privilegios reales"
para evitar la entrada de caldos riberos, que "al
tener más grados se conservaban mejor",
explica Víctor Úriz.
La familia Úriz
Induráin (Victor, Teresa y Eugenia), primos carnales
de los ciclistas, con la ayuda del joven agricultor
Luis Induráin retomaron la historia ocupando
la viña que fue propiedad del abuelo. Convertirse
en txakoli (garnacha) fue, durante siglos, la principal
aspiración de los racimos plantados en los diferentes
núcleos que pueblan la falda del monte Ezkaba,
ritual que sin embargo se vio bruscamente interrumpido
a mediados de siglo. Al parecer, en Ansoáin (pueblo
viejo) deben quedar las últimas viñas.
Los Induráin quisieron recuperar esta tradición
ancestral hace ahora doce años pero, es ahora
que las cepas han logrado la robustez y calidad necesaria
cuando deciden impulsar una nueva etapa, más
ambiciosa, consistente en comercializar este vino (Cabernet
Sauvignon), totalmente renovado, que salta del garrafón
a la botella con una presentación esmerada. "En
el año 1995 les convencí a mis primos
y a mis tíos para volver a poner vides. En realidad
yo llevaba 18 años haciendo vino porque teníamos
en renta una viña pequeña en Artazu y
hacíamos vino para casa en esta misma bodega.
Sin embargo, nos atraía más la idea de
hacer vino de aquí": Ingeniero papelero
de profesión, aficionado a la enología,
miembro de una selecta asociación de cata, pero
ante todo "un fanático del vino", Víctor
Úriz Induráin afirma poseer una bodega
de "juguete". Su aprendizaje ha sido netamente
autodidacta aunque asegura que "todavía
no he aprendido a hacer vinos". "No soy profesional
del vino", confiesa, pero pone "toda su alma",
precisa su hermana Teresa. "Es cierto que podríamos
contar con otras manos expertas e incluso economizar
medios pero ya no sería el mismo vino, queremos
darle un estilo e ir evolucionando", asevera.
En Villava eran
varias las familias propietarias de viñas que
hacían vino. "Toda esa ladera del monte
debían ser viñas. Era la zona límite
para producir vino tinto porque de aquí hacia
el norte ya no hay viñas. En realidad sí
que las hay pero a menor altitud como ocurre en la zona
de Burdeos o con el txakoli de Getaria donde la tierra
está a nivel del mar. La altura es vital en la
maduración de la uva", destaca. Una ladera
(Ezkaba) que, por otro lado, reunía las características
más adecuadas al estar expuesta al sol y protegida
de los vientos del norte lo que garantizaba un buen
proceso de maduración.
En realidad la
agricultura ha sido hasta hace unos años el pilar
en el que basaba su economía la familia Induráin
y la producción de vino era una más de
las actividades agrícolas donde predominaba el
cultivo de cereal. "Producían vino en pequeña
escala, como nosotros o un poco más quizás,
y lo vendían. Era un vino muy agradable de beber,
con mucha aguja, txakoli y tenía bastantes grados,
hasta trece, pero aquí mantiene siempre mucha
acidez", explica Victor. Seis o siete casas de
la villa hacían vino que salía a la venta
en garrafones y un trapo blanco en la ventana de la
bodega indicaba la apertura de la temporada. "Comenzaban
en marzo y en un mes se vendía todo", subraya
Teresa.
Villava era a
mediados de siglo un pueblo de cierta entidad, con un
peso industrial importante y donde la agricultura apenas
dedicaba a cuatro familias. La última viña
que se recuerda en Villava desapareció hacia
el año 60 y era propiedad de Esparza (la finca
que ha dado paso a las nuevas viviendas) aunque también
la trabajaban los Induráin.
La bodega actual
data de los años ochenta (Nº35 de la calle
Mayor). No es la casa nativa de la familia Induráin,
enclavada en el número 58, y que albergó
la antigua bodega hasta que se construyó la nueva
vivienda junto a la calle San Andrés.
Una de las razones
que les ha animado a sacar a la venta el vino es la
necesidad de dar salida a las últimas cuatro
cosechas que se almacenan en la bodega (unas 42.000
botellas). "Este año para meter la nueva
cosecha había que sacar vino porque ya no nos
cabía ni una botella. Es una bodega en miniatura".
Producción
Para una producción
de 10.000 a 12.000 kilos de uva sobre una superficie
aproximada de dos hectáreas estiman una cosecha
de entre 8.000 y 10.000 botellas. "El rendimiento
calculamos que es de un 69%. El rendimiento por hectárea
es de 5.000 a 6.000 kilos". Por contra, el vino
villavés no podrá tener Denominación
de Origen Navarra que no incorporó la Comarca
al no existir viñas para entonces. Ésto
condiciona el etiquetado de los vinos más antiguos
como Reserva "aunque lo es y lo tenemos un año
en barrica (roble americano y francés) y luego
dos en botella, pero no pertenece a algún Consejo
Regulador". Otra de las limitaciones de esta aventura
ha sido la denominación del vino ya que el nombre
elegido en un principio, Ezkaba, ya estaba registrado
por la licorera Esparza. Así, se optó
por Laderas de Villava.
La novedad en
este competitivo mercado serán así dos
nuevos caldos: el equivalente a Reserva, con "mucho
aroma y madera", y otro vino "más en
la línea actual, jóvenes, no tan afrutados,
pero poderosos". La diferencia es el tiempo que
permanecen en barrica, un año el reserva y el
otro unos meses.
Victor define
el vino de Ezkaba ensamblado en los sabores de los caldos
franceses, o al menos es lo que le transmiten los expertos.
"Son todos los vinos cortados por el mismo patrón,
pertenecen a la misma viña, y tienen una personalidad
propia. A mí me gustan los vinos fuertes de grado
(13 y 14 grados), y la uva se deja madurar bien".
La bodega será
un punto de venta al igual que otros establecimientos
de la zona. "Queremos cobrar lo que vale, en su
nivel, y por ello ahora nos estamos asesorando".
UN AGRICULTOR EN LA FAMILIA
La tradición familiar de elaboración
de vinos se remonta al menos a tres generaciones Induráin.
El abuelo Toribio, los hermanos Miguel y Víctor,
y ahora el hijo de éste, Luis Induráin
(trabajando en el campo), y su primo Víctor Úriz
(desde la bodega) han hecho que el vino de casa sea
un preciado legado interrumpido sin embargo durante
medio siglo. A sus 35 años, Luis Induráin
Larraya es el único miembro de la saga Induráin
que ha elegido la agricultura, actividad en claro declive
en nuestra sociedad, como medio de vida. Es además
el encargado de gestionar un respetable patrimonio de
suelo. Para la próxima cosecha de uva quedan
20 días y aunque el verano ha sido duro y el
grano más pequeño, la calidad de la uva
permanece intacta. "Hasta ahora no hemos tenido
problemas importantes exceptuando un año que
le atacó la enfermedad de la filosera (insecto)
y se secaron", resalta Luis. ¿Y el invierno?
"No hay hielos", responde. "Quizás
haya más problemas en muchas de la Ribera que
aquí que es un carasol y no le castiga mucho
el viento", matiza. La vendimia, destaca, seguirá
un rito tradicional en el que participarán "amigos
y más familiares".
Las vides han sido un nuevo reto para este joven villavés,
un trabajo por otro lado mucho más exigente y
minucioso que la producción de grano. "El
cereal sólo necesita del manejo de la maquinaria,
mientras que la vid requiere un trabajo casi artesanal,
manual para poder podar, despuntar, recoger...",
expone. "Desde Semana Santa hasta ahora los cuidados
son continuos, por otro lado la vendimia te suele coincidir
con la siembra". El viñedo que domina la
ladera del monte Ezkaba ha sido protegido con alambradas
y pinos, y a pesar de su proximidad al polígono
industrial y al núcleo de población, la
uva se ha respetado. "En la posguerra debió
ser mucho más duro porque la gente iba a comer
al monte y cogía lo que podía. Ahora no
tenemos esas necesidades. Además, contamos con
la colaboración de vecinos que nos aprecian y
avisan cuando observan a alguien que se mete en la viña
preparado por ejemplo con una caja", explica.
"Hay que estar preparado para los nuevos retos,
para las reformas, la incorporación de nuevas
zonas de regadío en Navarra, y no es fácil,
pero a la vez resulta muy gratificante y te das cuenta
que alguien tiene que hacerlo", reconoce. Actualmente
la mayor parte de las hectáreas cultivadas en
Olloqui, Olaz, Huarte, Ansoáin, Burlada, Monreal
y Alzórriz son dedicadas al cereal.
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