Toda La Informacion sobre el Vino y la Gastronomia de Navarra
!!! BIENVENIDO A TIERRA DE VINO ˇˇˇ La Peña El Tonel de Corella (Navarra) le invita a visitar el nuevo Portal.
EL VINO
La Vid
Los Campos
La Vendimia
Elaboracion y Crianza
CONSEJOS Y CATA
Consejos practicos
Vocabulario del vino
La Cata del vino
BODEGAS Y VINOS
Bodegas por Zonas
Bodegas ordenadas
Vinos por variedades
GASTRONOMIA
Con la Colaboracion de la
Orden del Volatin de Tudela
La Cocina Navarra
Nuestros Productos 
EL MUNDO DEL VINO
Literatura y Poesia
Noticias del Vino
Articulos Tecnicos
Foros
Paginas Interesantes
BUSCADOR
Tierra de vino
Internet
 
 
 
 
 
 
   

 

NOTICIAS DEL VINO DE NAVARRA
Un vino para nostálgicos
La familia Úriz-Induráin comercializa el tinto 'Laderas de Villava' doce años después de recuperar la tradición vinícola

Dicen los entendidos del vino con el fin de ilustrar la tradición vinícola de la Comarca de Pamplona que antes incluso de que llegaran los romanos ya se plantaban vides en la falda del monte Ezkaba. Desde Arre hasta Ansoáin las raíces de esta amplia ladera estuvieron sujetas al anclaje de sarmientos. El vino de la Comarca incluso se llegó a proteger durante la Edad Media con una serie de "privilegios reales" para evitar la entrada de caldos riberos, que "al tener más grados se conservaban mejor", explica Víctor Úriz.

La familia Úriz Induráin (Victor, Teresa y Eugenia), primos carnales de los ciclistas, con la ayuda del joven agricultor Luis Induráin retomaron la historia ocupando la viña que fue propiedad del abuelo. Convertirse en txakoli (garnacha) fue, durante siglos, la principal aspiración de los racimos plantados en los diferentes núcleos que pueblan la falda del monte Ezkaba, ritual que sin embargo se vio bruscamente interrumpido a mediados de siglo. Al parecer, en Ansoáin (pueblo viejo) deben quedar las últimas viñas. Los Induráin quisieron recuperar esta tradición ancestral hace ahora doce años pero, es ahora que las cepas han logrado la robustez y calidad necesaria cuando deciden impulsar una nueva etapa, más ambiciosa, consistente en comercializar este vino (Cabernet Sauvignon), totalmente renovado, que salta del garrafón a la botella con una presentación esmerada. "En el año 1995 les convencí a mis primos y a mis tíos para volver a poner vides. En realidad yo llevaba 18 años haciendo vino porque teníamos en renta una viña pequeña en Artazu y hacíamos vino para casa en esta misma bodega. Sin embargo, nos atraía más la idea de hacer vino de aquí": Ingeniero papelero de profesión, aficionado a la enología, miembro de una selecta asociación de cata, pero ante todo "un fanático del vino", Víctor Úriz Induráin afirma poseer una bodega de "juguete". Su aprendizaje ha sido netamente autodidacta aunque asegura que "todavía no he aprendido a hacer vinos". "No soy profesional del vino", confiesa, pero pone "toda su alma", precisa su hermana Teresa. "Es cierto que podríamos contar con otras manos expertas e incluso economizar medios pero ya no sería el mismo vino, queremos darle un estilo e ir evolucionando", asevera.

En Villava eran varias las familias propietarias de viñas que hacían vino. "Toda esa ladera del monte debían ser viñas. Era la zona límite para producir vino tinto porque de aquí hacia el norte ya no hay viñas. En realidad sí que las hay pero a menor altitud como ocurre en la zona de Burdeos o con el txakoli de Getaria donde la tierra está a nivel del mar. La altura es vital en la maduración de la uva", destaca. Una ladera (Ezkaba) que, por otro lado, reunía las características más adecuadas al estar expuesta al sol y protegida de los vientos del norte lo que garantizaba un buen proceso de maduración.

En realidad la agricultura ha sido hasta hace unos años el pilar en el que basaba su economía la familia Induráin y la producción de vino era una más de las actividades agrícolas donde predominaba el cultivo de cereal. "Producían vino en pequeña escala, como nosotros o un poco más quizás, y lo vendían. Era un vino muy agradable de beber, con mucha aguja, txakoli y tenía bastantes grados, hasta trece, pero aquí mantiene siempre mucha acidez", explica Victor. Seis o siete casas de la villa hacían vino que salía a la venta en garrafones y un trapo blanco en la ventana de la bodega indicaba la apertura de la temporada. "Comenzaban en marzo y en un mes se vendía todo", subraya Teresa.

Villava era a mediados de siglo un pueblo de cierta entidad, con un peso industrial importante y donde la agricultura apenas dedicaba a cuatro familias. La última viña que se recuerda en Villava desapareció hacia el año 60 y era propiedad de Esparza (la finca que ha dado paso a las nuevas viviendas) aunque también la trabajaban los Induráin.

La bodega actual data de los años ochenta (Nº35 de la calle Mayor). No es la casa nativa de la familia Induráin, enclavada en el número 58, y que albergó la antigua bodega hasta que se construyó la nueva vivienda junto a la calle San Andrés.

Una de las razones que les ha animado a sacar a la venta el vino es la necesidad de dar salida a las últimas cuatro cosechas que se almacenan en la bodega (unas 42.000 botellas). "Este año para meter la nueva cosecha había que sacar vino porque ya no nos cabía ni una botella. Es una bodega en miniatura".

Producción

Para una producción de 10.000 a 12.000 kilos de uva sobre una superficie aproximada de dos hectáreas estiman una cosecha de entre 8.000 y 10.000 botellas. "El rendimiento calculamos que es de un 69%. El rendimiento por hectárea es de 5.000 a 6.000 kilos". Por contra, el vino villavés no podrá tener Denominación de Origen Navarra que no incorporó la Comarca al no existir viñas para entonces. Ésto condiciona el etiquetado de los vinos más antiguos como Reserva "aunque lo es y lo tenemos un año en barrica (roble americano y francés) y luego dos en botella, pero no pertenece a algún Consejo Regulador". Otra de las limitaciones de esta aventura ha sido la denominación del vino ya que el nombre elegido en un principio, Ezkaba, ya estaba registrado por la licorera Esparza. Así, se optó por Laderas de Villava.

La novedad en este competitivo mercado serán así dos nuevos caldos: el equivalente a Reserva, con "mucho aroma y madera", y otro vino "más en la línea actual, jóvenes, no tan afrutados, pero poderosos". La diferencia es el tiempo que permanecen en barrica, un año el reserva y el otro unos meses.

Victor define el vino de Ezkaba ensamblado en los sabores de los caldos franceses, o al menos es lo que le transmiten los expertos. "Son todos los vinos cortados por el mismo patrón, pertenecen a la misma viña, y tienen una personalidad propia. A mí me gustan los vinos fuertes de grado (13 y 14 grados), y la uva se deja madurar bien".

La bodega será un punto de venta al igual que otros establecimientos de la zona. "Queremos cobrar lo que vale, en su nivel, y por ello ahora nos estamos asesorando".

UN AGRICULTOR EN LA FAMILIA

La tradición familiar de elaboración de vinos se remonta al menos a tres generaciones Induráin. El abuelo Toribio, los hermanos Miguel y Víctor, y ahora el hijo de éste, Luis Induráin (trabajando en el campo), y su primo Víctor Úriz (desde la bodega) han hecho que el vino de casa sea un preciado legado interrumpido sin embargo durante medio siglo. A sus 35 años, Luis Induráin Larraya es el único miembro de la saga Induráin que ha elegido la agricultura, actividad en claro declive en nuestra sociedad, como medio de vida. Es además el encargado de gestionar un respetable patrimonio de suelo. Para la próxima cosecha de uva quedan 20 días y aunque el verano ha sido duro y el grano más pequeño, la calidad de la uva permanece intacta. "Hasta ahora no hemos tenido problemas importantes exceptuando un año que le atacó la enfermedad de la filosera (insecto) y se secaron", resalta Luis. ¿Y el invierno? "No hay hielos", responde. "Quizás haya más problemas en muchas de la Ribera que aquí que es un carasol y no le castiga mucho el viento", matiza. La vendimia, destaca, seguirá un rito tradicional en el que participarán "amigos y más familiares".

Las vides han sido un nuevo reto para este joven villavés, un trabajo por otro lado mucho más exigente y minucioso que la producción de grano. "El cereal sólo necesita del manejo de la maquinaria, mientras que la vid requiere un trabajo casi artesanal, manual para poder podar, despuntar, recoger...", expone. "Desde Semana Santa hasta ahora los cuidados son continuos, por otro lado la vendimia te suele coincidir con la siembra". El viñedo que domina la ladera del monte Ezkaba ha sido protegido con alambradas y pinos, y a pesar de su proximidad al polígono industrial y al núcleo de población, la uva se ha respetado. "En la posguerra debió ser mucho más duro porque la gente iba a comer al monte y cogía lo que podía. Ahora no tenemos esas necesidades. Además, contamos con la colaboración de vecinos que nos aprecian y avisan cuando observan a alguien que se mete en la viña preparado por ejemplo con una caja", explica.

"Hay que estar preparado para los nuevos retos, para las reformas, la incorporación de nuevas zonas de regadío en Navarra, y no es fácil, pero a la vez resulta muy gratificante y te das cuenta que alguien tiene que hacerlo", reconoce. Actualmente la mayor parte de las hectáreas cultivadas en Olloqui, Olaz, Huarte, Ansoáin, Burlada, Monreal y Alzórriz son dedicadas al cereal.



 

ANA IBARRA - Villava - Diario de Noticias (13/09/2003)
www.diariodenoticias.com
Volver al Indice de Noticias
 
EL TONEL
¿ Quienes somos ?
LA CATAS
PROFESIONAL
Resultados 2003
Resultados 2002
Resultados 2001
POPULAR
Participantes 2002
Participantes 2001
EL TONEL DE ORO
2002 Portland San Antonio
2001 Miguel Indurain
2000 Ministerio de Agricultura
1999 EVENA
1998 Seleccion Española de Futbol
GASTRONOMIA
La Cocina Navarra
Productos de la Tierra
Noticias

 
 
 
Sugerencias o mejoras contactar en info@tierradevino.com