| Las
Bardenas Reales siempre han dado lugar a numerosas
y singulares historias o situaciones. Una de ellas
es la que hace referencia a la familia de los tudelanos
María y Fernando Barrena que a comienzos
de los años 90 debieron decidir qué
hacer con unas tierras de cultivo de las que su
familia era propietaria en Carcastillo. |
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Hasta entonces,
aquellos terrenos habían pasado de generación
en generación hasta llegar a manos del abuelo
de Fernando y María que fue el último
en cultivar cereal en esos áridos suelos. "No
queríamos desprendernos de la tierra, pero tampoco
continuar cultivando cereal porque requería mucho
tiempo y no éramos agricultores. Además,
no nos atraía mucho la idea de producir cereal
ya que queríamos algo que fuese más personal,
que transmitiese lo que era esa tierra", recuerda
María Barrena.
Así, movidos por la pasión
de la tierra de la Bardena, María y Fernando
decidieron ponerse manos a la obra y estudiar las diferentes
posibilidades de plantación que se podían
llevar a cabo en ese terreno. Descartado el cultivo
principal de la Bardena, el cereal, las otras posibilidades
que barajaron fueron las de plantar almendros, olivos
o vid. Sin embargo, el estudio del tipo de tierra que
realizaron hizo que finalmente se decantaran por la
vid. "Cuando decidimos que lo que haríamos
sería plantar viñedos también creímos
que éstos deberían ser de gran calidad
puesto que nuestra idea era vender la uva" señala
María Barrena. De esta forma, durante 10 años
recolectaron la uva y la vendieron a diferentes compradores
como Ochoa o Chivite.
Mientras tanto, según
relata María, nos entusiasmó tanto el
proyecto de la viticultura y la viña que decidí
estudiar la carrera de enología. Posteriormente,
amparados en la calidad que ofrecía la uva y
lo especial de la zona, surgió también
la posibilidad de adquirir como bodega la antigua cooperativa
de Carcastillo. "Nos pareció interesante
porque se encontraba situada a cinco kilómetros
de donde se ubican las viñas y eso ocurre raras
veces", reconoce esta joven enóloga.
Bardena
Si bien la elección de
plantar viñedos en plena Bardena, puede parecer
un tanto extraña, ya que se trata de un suelo
bastante pobre y un clima muy extremo, a juicio de María
Barrena, "es precisamente lo que más nos
interesó y lo que buscábamos". Las
condiciones extremas que se dan en esta zona hacen que
la viña no lo tenga fácil y deba concentrarse
al máximo para aportar todo lo mejor al racimo.
"Se trata de un suelo con poco contenido orgánico,
muy calizo, y arcilloso. Asimismo, se produce un gran
contraste térmico entre el día y la noche
(en verano durante el día la temperatura oscila
los 30 ó 35 grados mientras que por la noche
desciende por debajo de los 20 grados). La uva madura
mucho durante las horas de sol por las altas temperaturas,
sin embargo por la noche el cambio brusco de temperatura
que se produce frena la bajada de acidez.
Otra de las peculiaridades que
ofrece esta zona, según explica María,
es que está sometida a muchos vientos, lo que
da un nivel sanitario muy importante al viñedo
porque impide que haya microorganismos y podredumbres.
Además, hay que tener en cuenta que se trata
de una zona donde la pluviometría es muy baja
porque apenas llueve lo que hace que el grano de la
uva esté más concentrado y sea más
pequeño con una piel muy gruesa.
Para luchar contra la escasez
de agua, la familia de estos dos jóvenes tudelanos
decidió acondicionar una balsa junto a los viñedos
e instalar el sistema de riego por goteo que deja caer
el agua cuando la planta lo necesita. Sin embargo, según
confiesan, "más que regar para engordar
el grano o sacar más cantidad, lo hacemos para
que la planta sobreviva porque sin este método
es imposible que lo haga".
Producción
En el año 2000 estos novatos
bodegueros presentaron su primera cosecha que reunía
alrededor de 15.000 botellas. Esta primera cosecha la
realizaron con uva de sus viñedos (cabernet sauvignon)
y de la zona de influencia (tempranillo) puesto que
según comenta María "nuestros viñedos
se quedaban escasos para hacer vino. Además,
también era una manera de tantear el mercado
y comercializarlo en esta zona".
El resultado fue tan positivo
que al año siguiente, además de aumentarse
la producción hasta las 50.000 botellas, decidieron
hacer un vino exclusivamente del viñedo propio
(cabernet sauvignon) puesto que tenían mucha
confianza en la calidad de la uva. De ahí salió
el Seis de Azul y Garanza, elaborado en 2001 que ganó
el premio revelación de Navarra criado en barrica.
Un premio que demuestra que la tierra de la Bardena
puede dar un vino de alta calidad y que a su vez es
diferente al resto. Según explica María
Barrena "la diferencia radica en las condiciones
tan extremas que pasan los viñedos durante el
año y que dan como resultado un fruto muy pequeño,
concentrado y maduro al que se le nota el sol de la
Bardena".
Asimismo, recuerdan que el grano
de uva está muy saneado por el aire de la zona
y en la boca se nota una pastosidad y una terrosidad
que viene dada por la roca caliza de un suelo tan pobre
y poco profundo. Sin embargo, para estos jóvenes
bodegueros lo más importante de la diferencia
que presenta este vino novel, es que "sirve como
medio de expresión de esta tierra puesto que
al fin y al cabo nosotros sólo somos el hilo
conductor de la tierra que se expresa a través
de la vid. Una vez que se quita el racimo de la cepa
ya lo que haces es perder calidad".
Por esta razón, los enólogos
de esta bodega María Barrena y Dani Sánchez,
pretenden continuar trabajando la uva de manera natural,
sin uso de pesticidas, insecticidas o herbicidas. "Queremos
que la calidad que se consigue en el viñedo se
mantenga durante el proceso y evitar el contacto con
bombas, con maquinaria que lo único que pueden
hacer es rasgar y dañar". Asimismo, también
apuestan por seleccionar muy bien las maderas e intentar
alargar al máximo su juventud. "El vino
no está mucho tiempo en contacto con la madera
porque nos interesa que haya fruta. El vino viene de
la uva y tiene que haber fruta, frescura, juventud y
mucha madurez".
Azul y garanza ha quitado de
la cabeza la posible idea que muchos desconocedores
de la Bardena pensaran que de esta tierra sólo
pudiera salir polvo, tomillo, romero o esparto. Como
señala María Barrena quizás es
que precisamente estos elementos son los que confieren
este carácter tan especial al vino. El futuro
se presenta prometedor y estos jóvenes emprendedores
ya piensan en ampliar sus horizontes con la adquisición
de un nuevo viñedo en la zona de Arguedas.
AZUL Y GARANZA
El nombre de la marca Azul y
garanza se debe al homenaje que quisieron hacer los
creadores de este vino al color de este caldo. Azul
y garanza (rojo carmín), son dos colores que
mezclados al 50% dan el color rojo burdeos que es el
color del vino por excelencia. Según explicó
María Barrena, "cuando coges una copa para
realizar una cata de vino lo primero que te encuentras
es el color. Además, en el color se incluye también
la calidad del viñedo y del vino".
Previamente, María y Fernando
Barrena habían descartado darle el nombre del
lugar donde se encuentran ubicadas las viñas
así como ponerle su apellido a este caldo. "El
nombre es lo que te identifica y debe tener algo de
ti que te haga sentirte reflejado, pero al mismo tiempo
tiene que tener personalidad y ser diferente y estos
dos no nos acababan de convencer", señaló
María Barrena.
Por otra parte, el premio conseguido
al vino revelación de Navarra criado en barrica
de la cosecha de 2001 no es más que el inicio
de una andadura que se prevé consolidar con el
paso del tiempo. Para ello, en un futuro a corto plazo
estos jóvenes bodegueros tudelanos piensan renovar
sus pequeñas instalaciones situadas en la calle
Sanjuan de Carcastillo. Así, instalarán
una futura sala de cata de vinos y una de barricas que
se sumarán a las dependencias ya existentes que
este año han sido remodeladas tras la campaña
de recogida y elaboración de la uva. "Hemos
cambiado el sistema tradicional de la antigua cooperativa
de Carcastillo para que la uva llegue directamente a
los depósitos sin necesidad de pasar por el antiguo
circuito" aseguró María Barrena
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